Permanencia: objetos, espacios y legado
En esta decimoquinta edición, reflexionamos sobre aquello que permanece. Bajo el título «Permanencia: objetos, espacios y legado», esta entrega reúne obras, procesos y miradas concebidos para trascender el tiempo, integrarse a la vida cotidiana y construir una relación duradera con quienes las habitan, observan o recuerdan.
La arquitectura, el paisajismo, el diseño y el arte aparecen enlazados por una misma pregunta: ¿qué hace que ciertos espacios, objetos o imágenes permanezcan en la memoria colectiva?
En portada, el arquitecto chileno y Premio Nacional de Arquitectura 2014, Teodoro Fernández, representa esa idea de permanencia desde el espacio público y el paisaje. A través de obras como Parque Bicentenario, la recuperación de Estación Mapocho y sus proyectos vinculados a parques y jardines, su trabajo ha contribuido a formar lugares que hoy son parte de la experiencia cotidiana y de la memoria de distintas generaciones.
El estudio Elton Léniz aborda la arquitectura desde una relación atenta con el entorno; la paisajista Karin Oetjen reflexiona sobre jardines concebidos para evolucionar junto con el tiempo; mientras distintos diseñadores exploran la creación de mobiliario pensado no solo para responder a una necesidad inmediata, sino también para integrarse a la vida cotidiana durante años.
Presentamos el último trabajo expuesto en la Semana de Milán del destacado diseñador y artista Marcin Rusak: «Forum Florum», una muestra donde naturaleza, memoria y materia dialogan a través de piezas que tensionan la fragilidad y la permanencia. Asimismo, la reconocida ilustradora Catalina Estrada nos acerca a un universo visual donde color, simbolismo y naturaleza construyen un lenguaje personal y reconocible.
En contraportada, el artista visual nacional Martín Daiber cierra esta edición con obras que conmueven por su sensibilidad y fuerza visual. Su trabajo revela una mirada capaz de construir imágenes que permanecen más allá de lo inmediato y proyectan una trayectoria significativa dentro del arte contemporáneo chileno.
Hoy reafirmamos una convicción: existen obras, espacios y objetos cuyo verdadero valor no reside únicamente en su presencia material, sino en su capacidad de acompañar el paso del tiempo, formar parte de nuestra vida y permanecer en la memoria.