La elegancia de lo inesperado
En 2013, en Países Bajos, Reineke Antvelink decidió entrar al mundo del interiorismo desde un lugar poco convencional. Formada en arte en la Gerrit Rietveld Academie de Ámsterdam, su mirada se construyó entre la pintura y la escenografía, disciplinas que sentaron las bases de lo que hoy es RA Studio, referente internacional por sus espacios sensoriales y emocionalmente complejos.
Su propuesta surgió de una carencia que observaba en muchos proyectos contemporáneos. «Lo que extrañaba en muchos interiores de esa época era cierta alma. Los espacios podían ser hermosos, de buen gusto y estar bien ejecutados, pero a menudo se sentían demasiado controlados o anónimos», explica. Su intención era romper con esa frialdad: «Quería crear espacios que no solo estuvieran diseñados, sino que realmente se vivieran y se amaran. Lugares con calidez, tensión, memoria, humor, artesanía y sorpresa».
Esa filosofía se transformó en el corazón de RA Studio: «un hogar puede ser a la vez profundamente reconfortante y ligeramente inesperado». Así, a la hora de diseñar, para ella los detalles son fundamentales. El resultado son ambientes donde conviven elegancia y extrañeza.
Pero, ¿cómo se construye esa experiencia? Para Antvelink, la clave está en pensar la vivienda como un solo cuerpo. «Siempre veo una casa como un todo, nunca como una colección de habitaciones separadas. Cada espacio tiene su propio ambiente y función, pero juntos deben formar una sola historia», relata. Esa continuidad no implica uniformidad. Por el contrario, la diseñadora trabaja con contrastes: «Una habitación puede ser más oscura e íntima, otra más luminosa y abierta. Pero tiene que haber un cierto ritmo entre ellas», sostiene.
El factor humano también ocupa un rol central en su práctica. Es por eso que su proceso creativo comienza escuchando. «La personalidad a menudo se revela en pequeños detalles, casi invisibles. No se trata solo de lo que la gente dice que le gusta. También se trata de cómo se mueven, qué coleccionan, qué conservan, a qué le tienen miedo, dónde se sienten a gusto y a qué tipo de belleza responden sin siquiera darse cuenta», reflexiona. Continúa leyendo en nuestra versión digital…
—Por Isidora Weibel
Fotografía Isabel Bronts.
@ra_studio_nl