El aroma del tiempo
Apenas comienzo a caminar por la viña, siento que mis pies se dejan llevar por un ritmo distinto. Hay algo en el aire —en la tierra, en el orden preciso de los viñedos, en la forma en que el paisaje se despliega— que invita a detenerse y mirar con atención. Aquí nada se apura: la observación es parte del trayecto. En ese escenario, entre hileras que guardan años de estudio, oficio y decisiones afinadas, está Enrique Tirado.